Martirio
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Madrid, Madrid, Spain | MAJOR

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Music

The best kept secret in music

Press


Martirio, que nos contaba el otro día que no tiene dinero pero sí todas las peinetas y gafas de sol del mundo, ofreció ayer por la noche un concierto en Madrid que seguro le hubiera gustado mucho a Sara Vega. A Sara Vega y a muchos de los que creen en el poder curativo de la música, como Maribel Quiñones, que dice que su corazón tiene unos remiendos estupendos y que anoche, con su adoradísimo hijo Raúl Rodríguez tocando la guitarra, ofreción una actuacíon íntima y “especial”, como ella misma repitió varias veces.
La gran, enorme sorpresa para algunos que la vimos por primera vez en un directo fue descubrir el divino don de la risa de la cantante. Sabíamos que muchas de sus letras eran tronchantes (Yo empiezo el día con las mil calorías, y a eso de media mañana, me entra una flojera, D. Manuel, que me tengo que sentar. Y me voy a la nevera y qué apuro, lo que haya me lo como, seguro y me dan unos temblores y me dan unos calores, D. Manuel y me tengo que acostar.), por supuesto, pero no que se marcaba sobre el escenario monólogos dignos del programa de Eva Hache. Qué risa y qué graciosa, Martirio, cuando dijo eso de “esta primera copla a los reos, esos hombres que son guapos aunque no lo sean, que están al final del bar, siempre con un whisky, que tienen el culito ‘metío pa dentro’ y la cara de a mí no me ha querido nadie, y cuánto se aprende con ellos”.

qué emocionante, Martirio, cuando cantó los ‘Ojos verdes’ y de pronto, en el momento más intenso de la copla, se quitó las gafas de sol y sonrió a través de sus ojos verdes abiertos como faros a su público, un público sorprendido entre el que se encontraban muchos de sus íntimos amigos y otros que no lo son tanto, pero que la llevan siguiendo igualmente en conciertos, todos distintos, desde hace treinta años. Esos que valoran lo que es la actuación de una mujer que ha sufrido mucho por amor, como dijo ayer, pero que siempre se ha salvado por la música.

Qué bonito y qué triste, Martirio, cuando habló de desamor (“ese desamor tan gordo que te deja tan hecha polvo que viene alguien a verte y le dices, ‘mira, no te voy a poner ni el café’) vivido en primera persona y luego cantó los versos trites de Kiko Veneno y Javier Ruibal que dicen “ya no hay luna en las noches” o el “quisiera amarte menos” de esa maga que es Chavela Vargas.

Dijo luego Martirio que íbamos a reír, pero también a soltar lágrimas, porque qué se le va a hacer, añadió, si yo soy más de lágrimas que de risas. Y, sin embargo, la gente no lloró. Pero sí se emocionó. La gente estaba feliz, extática, entregada, como transportada a un plano de la realidad mucho más bello. Fue un concierto muy mágico, de verdad, y si no me creen pregúntenle a Javier Cámara, que estaba entre el público y parecía hipnotizado, o a la actriz Ana Fernández, que necesitaba ir al baño pero no terminaba de ir nunca, incapaz de moverse, o a Rosario Pardo, que. ya casi al final, después de esa impagable y divertidísima sevillana que habla de ‘chanclas y tacones, arreglá pero informal’, aplaudió a dos manos ruidosamente y de pie y moviendo todo el cuerpo, como son los verdaderos aplausos. Y como hacían tantos entre el público.

“No tengo la sensación de haber llegado a ninguna meta. Estoy en el camino y para mí la felicidad es, simplemente, que no se me apague la luz”, nos dijo el otro día Maribel Quiñones. Y eso espera la gente que la admira y que la quiere: que su luz no se apague nunca.

http://blogs.revistavanityfair.es/vanityshow/2012/05/11/de-la-luz-de-sara-vega-al-concierto-mas-intimo-de-martirio/

- Vanity Fair Spain


Ante una sala llena y expectante, Martirio se presentó en Madrid y por primera vez como cabeza de cartel en la Galileo, acompañada únicamente por Raúl Rodríguez. Después de haber sido invitada por Chavela Vargas para presentar “Luna grande” en México, y plena por este acontecimiento, Martirio desgranó un repertorio muy celebrado y plagado de momentos mágicos. Vestida por un elegantísimo color negro y tocada con peineta del mismo color, brillante y discreta a la vez, su excelente capacidad teatral aportó el mejor barniz posible para desear que todas las noches sean noches de copla, flamenco, jazz, y otros tantos ingredientes, pero a lo Martirio.
“¿Quién dijo que todo está perdido?” Así empezó esta onubense universal, con intención y una espléndida adaptación del tesoro poético de Fito Páez: ‘Yo vengo a ofrecer mi corazón’. Siguió con Bola de Nieve para hacer su primera parada en esa estación revolucionará que inició con “Estoy mala” (1986) y “Cristalitos machacaos” (1989) teniendo como aliado más valioso en la composición a Kiko Veneno: ‘Madurito interesante’.
“Me gusta la lágrima”, afirmó Martirio a continuación, aunque a lo largo del concierto hubo espacio para ese fantástico sentido del humor que atesora su discografía y que también provocó alguna carcajada, tal y como prometió. Pero es que en Martirio todo encaja y es natural: su sinceridad, sensibilidad y extraordinaria voz consienten que nos lleve donde quiera, ahora a ponernos el chandal de lágrimas que todos gastamos alguna vez (no lo digo yo, lo dice ella), luego a la melancolía, y más tarde al surrealismo más divertido y provocador.
Agradecida, citó a Chavela con un cariño eterno y a Carlos Cano para interpretar “la más nueva de todas las (coplas) clásicas”: ‘María la portuguesa’. Y antes de ahondar en ese espejo tan mágico de la copla, cruzó de nuevo el Atlántico para traernos ‘En esta tarde gris’ y sobretodo un ‘Volver’ por bulerías que puso en primer plano a Raúl Rodríguez, sacando a lo largo del directo todas las voces que Martirio necesitaba de la guitarra para llenar lujosamente el escenario de compás, ritmo y genio.
‘Coplas de madrugá’ (1997), supuso un nuevo giro en la vida artística de Martirio. Los años de dictadura que hirieron la cultura y géneros tan valiosos como la copla, encontraron en Martirio una renovadora de tal magnitud como Kiko Veneno o Raimundo Amador en lo suyo. Y no acaba ahí la cosa, cuando Martirio decide abordar el repertorio clásico de la copla explora y explota como nadie la riqueza musical que esconde. Junto a Chano Domínguez produce este disco fundamental que además le llevará a entrar en el jazz latino donde ‘Tatuaje’ o ‘No te mires en el río’ respiran perfectamente. Además, sabiéndolo o sin saberlo, abrió una puerta por la que van llegando excelentes trabajos y canciones de Sole Giménez, Silvia Pérez Cruz y Javier Colina, Enrique Heredia ‘Negri’, Luz Casal con “La Pasión” o las bandas sonoras de “Calle 54? o “Chico y Rita” ideadas por Fernando Trueba, por citar algunos ejemplos.
Pero volvamos al escenario de la Galileo. ‘Como a nadie te he querío’ precedió a ‘Torre de arena’, y ‘La bien pagá’ introdujo el abanico y gotas de blues en la fiesta, que se hizo más grande al calor de unos ‘Ojos verdes’ que Martirio quiso interpretar sin sus acostumbradas gafas, llena y llenos todos de pasión y ganas de interpretarla junto a ella. Los aplausos rompieron cualquier previsión, y por un instante y gracias al interior tan oportuno de “La Galileo” era fácil imaginarse cómo debían ser aquellos cafés y teatros que albergaban los primeros éxitos e intérpretes del estilo.
En esas, llegaron las ’1000 calorías’ y esa conjunción de raíz, modernidad, comicidad y crítica que desembocó en una buena bulla que se mantuvo en ‘Compuesta y sin novio’. Ahí quisieron terminar Martirio y su banda, que así presentó con guasa la interesada a Raúl; pero el público quería más, y voz y toque regalaron fandangos de Paco Toronjo que levantaron a la parroquia onubense y unos tanguillos con swing reventón para una joya de todos los tiempos, ‘Sevillanas de los bloques’: “Con mi chándal y mis tacones / arreglá pero informal”. Si no lo disfrutan es porque no quieren disfrutar, ni con esto ni con nada. - efeeme


Maribel Quiñones a pecho descubierto. No podríamos decir que sin aditivos, porque jamás ha recurrido a ellos en casi tres décadas de trayectoria; pero sí con una desnudez tan extrema que a cualquier otro le aterraría. Tenía Martirio el empeño de cantar por vez primera en la Galileo Galilei, y ayer, cuando al fin pudo darse el gustazo, optó por hacerlo con la única compañía de su hijo, el espléndido guitarrista Raúl Rodríguez. El escenario puede tornarse inmenso en estos casos, pero la coplera onubense y su vástago de manos primorosas asumieron el control de cada metro cuadrado. Y el público se agolpó en la sala de Chamberí como solo sucede en las noches de los grandes acontecimientos.

Radiante se nos personó Maribel, guapísima una vez más con la indumentaria que mandan los cánones martiristas: vestido negro de tiros largos, peineta flamante y esas gafas negras que privan al mundo de admirar sus abisales ojos verdes. Y se aplica desde el primer momento a impartir el discreto magisterio de esa voz con tantos ángulos como recovecos, garganta mágica que cobra cuerpo con la misma facilidad que se torna vaporosa y leve. Moldea los versos, los endulza o endurece, alarga las notas o las adereza con unos melismas que ni por equivocación incurren en la floritura vana. Jamás canta dos veces de la misma manera, pero, eso sí, nunca renuncia a cantarlo bonito. Por eso su público repite: porque la sorpresa es una certeza.

Incluso en un recital tan arriesgado como el de anoche, sin margen para camuflar inseguridades o puntos débiles, Quiñones hace suyas cuantas estrofas visitan sus cuerdas vocales. Tanto da que aborde la canción de un rockero argentino (Fito Páez), el clásico son cubano (Bola de Nieve) o el repertorio mordaz y socarrón de sus inicios (Madurito interesante): Martirio siempre es Martirio. Vive tanto los versos, ajenos o propios, que acaba involucrando al auditorio entero. Y con ella, maestra de la risa y el sollozo, se nos escapan las lágrimas y las carcajadas aunque no queramos. Como en un resumen de la vida misma, ese episodio fugaz que conviene no malgastar entre llantos.

Sabia serena a sus fabulosos cincuenta y muchos, Maribel tiene el don de emocionarnos y divertirnos sin que advirtamos siquiera la transición. Dueña de un gracejo incomparable en las presentaciones, esa virtud inaprensible que se lleva dentro o no se adquiere jamás, tan pronto se guasea de los quebrantos sentimentales, "esos momentos en que te vienen a casa y no les pones ni café", como nos suministra las excepcionales Una roca en el mar (Javier Ruibal) y Quisiera amarte menos, monumento de la mexicana Chavela Vargas a esos amores inexorables de los que, ni pretendiéndolo, podemos despojarnos.

Raúl Rodríguez la acompaña con inventiva, eludiendo lo evidente; a veces clásico y otras muy flamenco, pero siempre profundo. Combina acentos, arpegios y hasta silencios inesperados, como en María la portuguesa. O travesuras como la de convertirse en un bluesman hispalense para colorear Torre de arena, copla de pura cepa. Es la fase coplera (La bien pagá, Ojos verdes) en la que Martirio se muestra más exuberante y proverbial, pero su faceta más imaginativa, de puro iconoclasta, es la sandunguera: imposible mantener el rictus impasible ante Las mil calorías, descacharrante sevillana rapeada sobre las dificultades para conservar el tipito. Cuánto arte, caramba; cuánto arte.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/05/11/madrid/1336718923_385539.html - El Pais


Discography

Estoy mala” (1.986)
“Cristalitos machacaos” (1989),
“La Bola de la vida del amor” (1991),
“He visto color por sevillanas” (1994),
“Coplas de madrugᔠ(1996),
“Flor de piel” (1999),
“Mucho corazón” (2001),
“Martirio” –Recopilación 2002)
“Acoplados” (Premio de la Música 2005 junto a Chano Domínguez al mejor album de Canción Española),
“Fundamental” -Trilogía- (2005)
“Primavera en Nueva York” (Premio de la Música 2007 al mejor álbum de fusión)
“Martirio: 25 años en directo” (2009),
“El Aire que te rodea” (2011) Poesía iberoamericana musicada por José María Vitier

Photos

Bio

Martirio describes herself as "an archaeologist of music". She digs up popular Spanish and Latin musical treasures and modernizes them. Her enigmatic and sophisticated image is the exclusive stamp of an artist who is always sharp, inquisitive and ground breaking.

In the 80's, Martirio was an active member of the movida madrilea (hedonistic and cultural wave that took place in Madrid after the death of Franco) and today she is still always surprising her audience with constant reinventions of herself, original interpretations and fusions of traditional music.

For over 20 years Martirio has been renovating the Spanish copla (traditional, lyrical music) revealing its universality and liberating it from past clichs.
She has collaborated with very diverse artists including Chano Dominguez, Kiko Veneno, Raimundo Amador, Javier Ruibal, Miguel Poveda, Vicente Amigo, Lila Downs, Omara Portuondo, Chucho Valds, Simn Daz, Soledad Bravo, Ojos de Brujo, Marta Valds, Mara de Mar Bonet.

Her discography has gained her respect in Spain and abroad. Amongst her numerous prizes and acknowledgements, Martirio has been nominated for the Latin Grammys (BEST FLAMENCO ALBUM in 2002 for Mucho Corazn) and she has received two awards from the Spanish Music Academy (BEST ALBUM OF CANCIN ESPAOLA for Acoplados and BEST FUSION ALBUM 2007 for Primavera en NY released by Calle 54 Records-Sony BMG). Andalusia's local government has also awarded her for her artistic activity.

2009 she recorded her album 25 aos de Martirio with her son Raul Rodriguez (known also as tres player from Son de la Frontera) and got the award from Cubadisco in 2010. One year later she recorde El aire que te rodea with the Cuban Composer Jose Mara Vitier.

One of the highlights 2012 was singing with Chavela Vargas songs dedicated to Federico Garca Lorca.

In autumn 2013 and during 2014 Martirio will tour with Ral Rodriguez presenting their album theyre just recording these days: an homage to Chavela Vargas with the songs she used to sign. It will be released on Universal (tbc).